El big data está de moda y como en todo lo que está de moda las prisas por publicar, generar modelos de negocio y plantear nuevas necesidades, están a la orden del día. Parece ya imposible que una empresa con pretensiones no centre sus inversiones en I+D en el big data, si pretende tener éxito en la carrera de los beneficios.

Hay grandes empresas, de las qué no son nuevas en esto del big data, que han planteado proyectos serios y a largo plazo entendiendo que el big data es algo más que una nueva fuente de recursos de la qué sacar partido, y que conlleva la necesidad de replantearnos nuestra relación con los datos, tanto desde la indústria y el sector profesional como desde la investigación y la filosofía contemporánea.

Sin embargo, como en la mayoría de fenómenos dados en el entorno digital, la infoxicación ha llegado para teñir de rancia futurología el devenir de nuestra relación con los datos masivos. Diáriamente accedo a nuevos posts, notícias y un montón de portales que dicen trabajar al entorno del big data, pocos de ellos me parecen interesantes en un sentido literal: que aporten algo nuevo, que abran caminos, que sienten bases. Estamos en un momento de explosión radical de los frutos del data mining y su relación directa con los nuevos sensores y las nuevas fuentes de recolección de datos, las potencialidades son enormes desde cualquier punto de vista.

Pero como en toda explosión no controlada, la onda expansiva está manchando lo que debería ser un nuevo horizonte científico (pero también filosófico) con un montón de asociaciones indebidas y poco pensadas. No pretendo que la indústria pare del todo, que detengan sus grandes máquinas de fabricar cosas para dar una opción al debate ético i/o epistemológico, no es su trabajo (tatxat) pero si que espero que almenos escuchen las pocas voces que gritan des de las ya oscuras cavernas de la reflexión.

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Y no es un mero capricho de humanista descarrilado o una reivindicación de un geek multitarea que no se sabe centrar en un solo tema, es una demanda de seriedad y aprovechamiento de las nuevas oportunidades que los datos nos brindan si los sabemos gestionar, adoctrinar y poner al servicio de objetivos comunes.

El big data, como la mayoría de fenómenos en el entorno digital no tiene una esencia determinada que nos permita definirlo, en plan clásico, con un definiens i un definiendum, es todo lo que afecta a los datos, los sensores que los proporcionan, las herramientas que permiten computarlos y procesarlos, los especialistas que deben ocuparse de las distintas fases de elaboración de un proyecto donde los datos sean protagonistas: analistas, diseñadores, programadores y los profesionales de la visualización; y desde hace un tiempo, también el gran conjunto de nuevos expertos que un poco perdidos -dicho sea de paso- generan contenidos pseudoacadémicos al respecto de este nuevo fenómeno digital.

Como siempre que damos un salto cualitativo en los pilares básicos que sostentan la sociedad de la información nos encontramos ante un reto de enormes proporciones que nos plantea la necesidad de tramar una estrategia, a largo plazo, sobre la gestión de la información.

David comentaba en un posta anterior la importancia de plantearnos qué datos conservamos y de que forma lo hacemos, para evitar ser las primeras generaciones incapaces de transmitir a sus descendientes todo el corpus del conocimiento. Los formatos físicos que alamacenan la información són perecederos por definición, la tecnologia en su dinamismo sin fin destruye y crea contínuamente nuevos soportes físicos a la vez que multiplica nuestra capacidad de generar y almacenar datos; la tecnología en si misma pero, no es capaz de tomar decisiones inteligentes sobre la calidad de la información. No puede jerarquizarla, sacar conclusiones, hacer análisis profundos de las consecuencias que los datos recogen para emitir juicios (estos sí transferibles) y tomar decisiones en consecuencia.

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La división entre las humanidades y la ciencia que a modo de fantasma omnipresente acompaña la sociedad contemporánea desde ya no sabemos cuando, sigue siendo el tendon de aquiles de la especie en lo que a creación de conocimiento se refiere, y esto no está por cambiar, seguimos emitiendo juicios des de las humanidades sin tener en cuenta la importancia de la ciencia, y desde la ciencia sacando conclusiones sin la reflexión intrínseca de las humanidades. Llamamos ciencias sociales a unas humanidades encubiertas con estadísticas y recopilación de datos, pero no somos capaces de entender que la ciencia y la filosofía no pueden ser enemigas sin posibilidad de reconciliación.

El big data es un fenómeno social? es un fenómeno científico? es solo digital? Ninguna de las anteriores preguntas puede responderse de forma absoluta, el big data lo es todo y nada a la vez. Casi de golpe, fruto del crecimiento exponencial de los datos (no está tan claro si hablamos de información) nos hemos encontrado con enormes sacos llenos de números que no sabemos como gestionar. El big data implica y afecta a todos los pilares básicos sobre los que hemos construido la sociedad conteporánea: es a a vez una fuente inagotable de recursos y potenciales teorías científicas como una llamada imperativa al cambio en nuestra forma de entender, clasificar y recuperar la información.

De aquí la importancia de disparar reflexiones filosóficas a todo lo que suene a big data y gestión de la información, es el global del conocimiento lo que está en juego y su puesta al servicio de la ética y el avance social.

We will see….

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