“o educar digitalmente, o digitalmente educados, o cultura de la educación digital, o elearning y cultura, o… ejem… ¿que cómo usamos las tic para que sean útiles para formar personas sin traumatizar a la gente en el camino?”

 

Estado de la cuestión: declaración.

Si algo forma parte de la constitución de las herramientas digitales, cuando estas pasan a ser objetos culturales, es que su categorización, su caracterización y su funcionamiento, dejan de responder ante las leyes clásicas del análisis de problemas o fenómenos; vamos, que no se lleva nada bien con los sistemas filosóficos cerrados y menos aún con la tan moderna y de moda reflexión superficial: Las típicas listas de las 10 claves para cualquier cosa, o el gran número de noticias compartidas -sin ni siquiera ser leídas- que generan un corpus reflexivo de bajo valor académico y social.

La idea de los artículos que aquí presentamos, poco útiles como vías de acceso rápido al debate en torno a las nuevas tecnologías y sus problemáticas filosóficas, no es la de proporcionar una falsa capacidad -al estilo del famoso robot “cortocircuito” de absorber información en pocos minutos- para eso ya hay un montón de recursos en línea que permiten empaparse rápidamente de las cuatro o cinco cosas importantes (teóricamente absolutas…) que todo buen “conferenciante de concierto” debe saber.

La idea es atacar los problemas desde su base, analizando las estructuras básicas que se esconden tras el entramado digital, despojándolo de su ya excesiva carga y desnudando los conceptos para dibujarlos con un trazo más firme, dinámico y adaptable.

¡No es fácil! La tecnología se construye y destruye a si misma continuamente, se desmonta a piezas como un juego de construcción cualquiera cambiando su forma sin dificultad. El dinamismo tecnológico obliga a reenfocar la mirada, a crear nuevos puntos de vista analítico-reflexivos que permitan cuestionar no solo las etiquetas clásicas, sino también los procesos de creación de estas. De nada nos sirve intentar aplicar esquemas cerrados y impositivos a una materia prima que no es moldeable a la antigua usanza, que no responde ante los tópicos académicos y que se auto-determina en base a nuevos parámetros, algunos de ellos completamente genuinos.

Los valores a defender son los mismos, la forma de hacerlo -de estudiar los problemas y plantear soluciones- es lo que debe cambiar. El entorno digital es el ecosistema en el que se desarrolla la sociedad actual, con su tecnología, su impacto cultural, el cambio profundo en las relaciones y las formas de creación de conocimiento, etc; un entorno con cimientos aparentemente firmes, en los que el hormigón armado se convierte en arena fina y escurridiza cuando aplicamos sistemas cerrados de análisis y comprensión. Un edificio con tendencia a los problemas estructurales al que debemos dar forma construyendo una base que no tiemble con el advenimiento constante de nuevas herramientas digitales.

Y dicho esto, a modo de declaración de principios, de manifesto de los 80 o de constitución bloguera, es un buen momento para justificar la inclusión de esta reflexión en un artículo pensado para exponer los ejes principales de la educación digital.

La adaptación que demanda el nuevo paradigma digital, implica un cambio social que solo puede darse con una transformación profunda en la educación de los ciudadanos (en el cómo y en el qué), un cambio que pide una reorganización de los mapas mentales de los individuos, en una sustitución de los esquemas y las metodologías clásicas por otros basados en la autodeterminación, en el aprendizaje significativo y por descubrimiento, como condición de posibilidad; competencial sí, pero construido sobre fundamentos sólidos: relacionales y experienciales en oposición a la imposición o el aprendizaje memorístico.

 

Estado de la Cuestión (educación)

Podríamos dedicar muchas líneas a exponer la influencia de las herramientas digitales en la educación tradicional, sobre el como se han implantado y cual ha sido la respuesta de los centros ante las nuevas potencialidades que estas ofrecen; o analizar detalladamente porque la actuación de la administración es claramente insuficiente y está mal enfocada, dejando a los docentes solos ante la responsabilidad de formarse y atender a las nuevas necesidades existenciales de sus alumnos.

Sin embargo, no es objetivo de este artículo criticar o analizar lo que se ha hecho hasta ahora en el espacio empírico durante la leve implantación de lo digital, sino analizar la evolución del uso de las herramientas digitales con finalidades educativas, para fijar algunos conceptos, desmontar algunos tópicos, y darle una vuelta más a algunas reflexiones superficiales.

No se trata de de-construir lo que hemos creado mediante una crítica feroz, mucho más fácil ahora que en los primeros estadios de la educación “digital”, sino de orientar un poco la reflexión teórica en torno de lo que, a nuestro parecer, es un verdadero cambio de paradigma (de los de antes) en las formas educativas y las vías para adquirir conocimiento, o así debería de ser.

Las herramientas digitales ofrecen nuevas potencialidades que implican necesariamente un proceso de repensado de la educación convencional, mucho más allá de la introducción de la pantalla en el aula: De nada sirven los libros educativos digitales si no son libros aumentados y se limitan a reproducir la estructura, contenidos y funcionamiento de los antiguos libros de texto, con el añadido de algún enlace y contenido multimedia puntual. El reto ante el que nos encontramos es mucho más ambicioso que el de una simple reformulación de los materiales textuales clásicos, se trata de replantear los objetivos, analizar las herramientas y sus posibles usos y construir, casi des de cero, un nuevo tejido educativo adaptado al contexto actual y a las necesidades reales de los ciudadanos. Una educación competencial, sí! Pero acompañada de una comprensión global de los fenómenos y un refuerzo de la autodeterminación y la creación de mapas mentales propios.

Que la tecnología ocupe un rol protagonista en nuestra película, y sea cada vez más importante sentirse cómodo en su uso y disfrute, no quiere decir que podamos olvidar que nuestros procesos mentales de creación de conocimiento, nuestras capacidades cognitivas, siguen necesitando establecer relaciones entre las cosas para alcanzar un conocimiento suficiente de ellas. Entendemos mucho mejor un fenómeno A, en relación a B y a C, formando un conjunto relacional, que los fenómenos por separado. Somos mucho más hábiles en la resolución de problemas cuando podemos captar la globalidad del asunto, y las conclusiones-resultado se fijan en nuestra memoria de una forma más capaz de sobrevivir al paso del tiempo.

Pues bien, la evolución de la educación en línea se ha caracterizado por una falta total de pensamiento relacional, de capacidad de análisis global y por un condicionamiento de los objetivos de aprendizaje en función de las herramientas disponibles y no a la inversa, como debería ser. Planteando primero los objetivos educativos, independientemente de las herramientas al uso, es cuando nos aseguramos de no perder efectividad por el hecho de querer estrenar coche nuevo cuando aún no tenemos carnet, o patronear un trasatlántico aplicando los conocimientos de navegación adquiridos remando en una barca hinchable.

Es más importante asegurar un conocimiento y dominio de las herramientas que se utilizan, un exprimido de potencialidades en base a la comprensión global de la herramienta y su entorno, que no promulgar un exceso de innovación que solo lleva a la pérdida del control por parte de los docentes y deja a los estudiantes agarrados a una madera de poca flotabilidad.

En la segunda parte de este artículo trataremos la historia de la educación digital, planteando la revisión de conceptos como elearning, la transición entre el IRC y los MOOC o el origen de la educación en línea.

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